Overpromise, under-deliver

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Por estos termina el primer o empieza el último periodo de Donald Trump. No importa cuál sea el resultado, siento que todos los lideres mundiales se encuentran en una era en que prometen mucho más de lo que pudiesen cumplir y con programas cada vez más radicales que en la práctica no son factibles ni política ni jurídicamente. Afortunadamente no estoy en la industria de las apuestas electorales.

Encuentro por todos lados, electores frustrados con líderes que no hacen nada de lo que prometieron, por que o solo fue una bandera electoral o realmente no encontraron cómo hacerlo. Esto es válido para la izquierda, la derecha y el centro. Todos prometen crear empleos, bajar deuda, mejorar la salud y modernizar las fuerzas armadas. Rara vez se logra algo de eso.

En ese debate hay extremos que agitan a niveles de populismo nacionalista dignos de los años 30’s o que sueñan con volver a ese momento cúspide en que Fidel entro a la Habana y todo iba a ser fantástico para el nuevo homos sovieticus.

Hoy vi un video de un joven emprendedor argentino preguntándose si el debate nacional debía ser aun el de 1960 o el del 2020, pues ya son 60 años perdidos en las fórmulas Peronistas. Tristemente creo que todo el debate social esta situado en la búsqueda del tiempo perdido (À la recherche du temps perdu!), de una estabilidad de la postguerra, de grandes proyectos nacionales como construir el Concorde, una nueva capital como Brasilia, un nuevo orden social justo. Todos estos cambios radicales no fueron sino promesas que no cumplieron. El Concorde ya no vuela por impagable, a nadie le gusta vivir en Brasilia y de los grandes ordenes de justicia social en Latinoamérica no quedan sino emigraciones masivas a España, Estados Unidos y Canadá.

El problema es creer que vivimos en los tiempos de Fidel o de Churchill. Nadie quiere dar sangre, sudor y lagrima por la patria. Todos queremos salud, pensión e iPhone con buena señal. Hoy lo más emocionante que le pasa a la sociedad es una nueva temporada de una serie en Netflix o un nuevo lanzamiento de Apple. La pandemia demostró que todos los países habían invertido poco en capacidad instalada de salud y que faltaba personal, pero de ahí a volver al pasado estatista hay un trecho.

Siento que los discursos políticos se quedaron pegados de grandes amenazas nacionales y se olvidaron del ciudadano medio, ese que es urbano, no es nacionalista pero no le da pena sacar su bandera, es conservador en sus creencias personales, pero tampoco va a salir a marchar por ellas, le gusta la libre movilidad internacional y quieren que el estado les moleste un poco menos a la hora de trabajar. Su ideología radica en si son del real Madrid o el Barcelona, pero ninguna alianza moral con algún caudillo de turno o del pasado.

No necesito que CNN o FOX me vendan su versión de la verdad, o que Jack Dorsey de Twitter me filtre a ningún político.

A estas alturas con un poco de estabilidad macroeconómica, una nueva temporada de Vikingos y con que el iPhone me dure hasta medio mandato del nuevo presidente americano antes de que se vuelva obsoleto, me doy por bien servido. Al final todos van a prometer e incumplir. Quizás el político más honesto de los últimos 15 años ha sido François Hollande, expresidente Frances. Llego sin grandes promesas, vio que no podía hacer nada y rapidito decidió de que no se hacía reelegir, pues seguro mejor se quedaba viendo Netflix tranquilo en casa. De pronto ya es hora de que haya más Hollande’s realistas. Cuentan con mi voto esos que diga que es bastante poco lo que pueden hacer pero que algo intentaran mejorar antes de irse a ver Netflix a sus casas.

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