Si no hablan ahora, entonces ¿Cuándo?

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Hace cuatro meses, entrando la cuarentena, escribí un documento que posteé en Linked In, en el cual expresé algunas conclusiones sobre la actividad empresarial en Colombia luego de una experiencia gerencial de catorce años frente a una empresa mediana.

 Esperaba una reacción del gobierno frente a un paro económico jamás visto pero como más de uno, empecé a ver que pasaban los días, semanas y meses y de una manera típica colombiana nada ocurrió.

Mientras los países desarrollados salieron con un boom keynesiano de enviar dinero a hogares, subsidios a nómina, rebajas en impuestos, en Colombia solo hubo anuncios grandilocuentes de respaldos de créditos, líneas suaves, ayudas y subsidios. 

Crónica de una muerte anunciada

Como me lo imaginé, todos los desembolsos quedaron en manos de los comités de créditos bancarios, para los cuales, en una época de alto riesgo, todos dejamos de ser sujetos de crédito por varios meses. Mis líneas de crédito personales pre-aprobadas fueron suspendidas y solo hace unos días me han llamado a decir que están nuevamente habilitadas pendientes de estudio específico caso por caso. De igual manera la mayoría de las líneas de créditos empresariales desaparecieron de la noche a la mañana. El gobierno nunca quiso encontrar un mecanismo de crédito directo y con los anuncios creyó que con eso tuvo, pensando en que con buenas intenciones se cuadraba la cosa.

Los subsidios a nómina llegaron con grandes condiciones, y quien quisiera mantener sus líneas de crédito sabía muy bien que no debía presentar pérdidas sustanciales en sus balances de junio, de manera que muchos renunciaron a los subsidios de nómina solo para no perder su chance de tener liquidez disponible.

El apoyo de la DIAN se limitó a desplazar fechas de pago de renta. Los impuestos municipales siguieron llegando sin ningún cambio y los servicios públicos (agua y energía) incrementaron un 30%. He pagado los más caros de mi vida los últimos meses sin explicación alguna.

El alivio para empleadores e independientes en cuanto a cotización de pensión y otros parafiscales fue tumbado por una corte y se debe reintegrar todo lo que no se pagó esos dos meses. Aún no sabemos cuándo ni cómo.

De manera que podemos concluir, que el estado dejó a los empresarios pasar a “palo seco” la crisis del COVID-19. Si contamos los subsidios a la nómina que han sido de 1.7 billones de dólares, podemos ver que todo el aporte del gobierno en este rubro ha sido de 450 millones de dólares, sin contar que sigue cobrando impuestos.

Para una economía de 327 billones de dólares, un estímulo empresarial de 450 millones de dólares es bastante insignificante. Un estímulo del 0.13% de PIB. Cualquier alusión a los estímulos a empresas en Estados Unidos, Europa, China y Japón hace ver ridículo e insignificante dicho estímulo entonces evito traer a colación esas cifras.

El resto del estímulo ha sido orientado al sector salud y a transferencias directas a los segmentos más pobres de la sociedad quienes se han visto afectados por las interminables cuarentenas.

El observatorio fiscal de la Universidad Javeriana, en su página web informa que de los fondos que el gobierno ha comprometido en gastarse solo se ha hecho un esfuerzo del 44%.

Los días sin IVA sirvieron para rotar muchos electrodomésticos Samsung, Sony y LG. En Corea del Sur deben estar dichosos del efecto de estos días en sus ventas. Para el resto de la economía poco sirvieron. Curioso un país en el que se ponían trapos rojos en las ventanas para pedir comida, pero en el que hubo filas masivas para compras de electrodomésticos. Muchos estrenaron TV con el trapo rojo en la ventana.

La abdicación presidencial

Hace varios días que se viene cuestionando la poca capacidad de respuesta que está ofreciendo el gobierno Duque, el cual se enfocó en atender la crisis de salud “abdicando” sus responsabilidades a los gobernantes locales, sabiendo que estos tienen muy poco entendimiento de como sus decisiones afectan la economía global. Dichos mandatarios no permiten abrir los aeropuertos y Colombia ya lleva el paro más largo aéreo mundial con sus dos empresas aéreas mas grandes en ley de quiebras. Pero ¿Qué sabe un alcalde de leyes de quiebras en tribunales en Nueva York, o de conectividad aérea? ¿Qué saben ellos de lo difícil que fue para el país la huelga de Avianca cuando un pasaje Medellín- Bogotá llegó a costar cerca de un millón de pesos cuando antes valían 300,000 pesos?

Abdicar las decisiones difíciles ha hecho que el gobierno Duque muestre lo desconectado que está de la realidad económica del país.

Algún columnista hacía alusión a las cuarentenas Matrioshkas, como esas muñecas rusas de madera que caben una dentro de otra. Así se volvió la vida en Colombia, cuarentena general que se extiende desde el primero de abril ad infinitum, con otra serie de medidas restrictivas como cuarentenas “por la vida” localizadas, toques de queda y ley seca. Cada alcalde juega a ser más estricto que el otro. Al final nos quedamos con las cuarentenas, el virus y la ruina económica. Nada que mostrar. Hasta el semanario “The Economist” en algún momento tendrá que rectificar que Medellín no era un caso extraordinario y que el alcalde Quintero no era ningún genio en este valle de silicona Potemkin que se dice que es Medellín.

El desempleo llegó al 26% en cifras oficiales y en extraoficiales debe estar por encima del 30%.

Lo grave de todo este asunto es que hay una desconexión total entre la clase política y la clase empresarial. La una vive de endeudar el estado vendiendo títulos TES y de hacer recaudo tributario, la otra vive de crear valor vendiendo sus productos y servicios.

Los buenos y los malos

El sector empresarial colombiano lleva años dejándose cargar un manto de “maldad y egoísmo” sin reaccionar demasiado y este mismo rasero se usa para el banquero más grande, así como el tendero más pequeño. Los líderes empresariales en el país escasean, y los gremiales son políticos que juegan a todas las bandas. Mérito especial merece Rosmery Quintero del gremio ACOPI de las PYMES por ser una voz solitaria y valiente, hasta desafiando a la ANDI quien tradicionalmente se ha otorgado esa vocería.

Hace unos días un grupo de aproximadamente 50 senadores de 108 que existen, presentaron la reforma tributaria más regresiva que se ha escuchado. Una reforma que como estaba planteada, hacía que con la sola tasa de impuesto al patrimonio de 6%, cualquier empresario en un lapso de 3 años estaría arruinado. Una reforma absolutamente expropiatoria.

Que un 46% de los senadores colombianos consideren que la mejor respuesta a la crisis económica empresarial generada por el COVID sea una reforma tributaria confiscatoria, deja en el limbo cualquier asomo de grandes inversiones privadas.

Mientras países como Alemania consideran que la salida es darle suave a las empresas hasta que se recuperen las economías, los padres de la patria colombiana consideran que la salida es ahogar al que quedó vivo.

Es obvio que el gobierno no va a pasar dicha ley, pero como dice una canción parrandera de diciembre: “El hecho es que tengan buena intención”, y la intención de esa reforma tributaria no es otra que aniquilar a un sector privado debilitado como lo expresó el excandidato y exvicepresidente Germán Vargas Lleras.

El sector privado en Colombia puso el dinero para restaurar el orden público desde hace casi 20 años con:  Bonos de guerra, bonos de paz, impuesto al patrimonio y más de seis reformas tributarias en 10 años, hasta llegar a tasas de tributación globales del 70% en el gobierno Santos.

Que la mitad de los senadores consideren que la salida es más de lo mismo, acompañado por llamados de esos mismos exministros de hacienda de siempre y exbanqueros centrales que nunca han manejado una tienda, pero que siempre dicen que se necesita otra reforma tributaria más, es sencillamente descorazonador.

No se escuchan reformas laborales, ni ajustes de gastos de funcionamiento estatal. De hecho, se celebra el gran hito del gobierno la creación de dos nuevos ministerios más.

Hablen, o callen para siempre

Creo que ya los empresarios deben tomar los asuntos tributarios en sus manos. Los políticos amigos no les han ayudado. Es curioso pero el partido al que más se le califica de derecha en Colombia es quien presenta los proyectos de ley más costosos para los empleadores, con un adjetivo de economía fraterna que no alcanzo a entender pero que es bien alejado a una visión económica liberal al cual se asocia un partido de derecha.

 Los políticos anti-empresa, han demostrado que sencillamente les estorba el sector privado y sueñan con un “anti-perestroika” a lo Venezuela. El proyecto de ley presentado no deja dudas de que han estudiado su ofensiva.

Los empresarios colombianos o piden un sitio en la mesa para hablar de sus problemas o seguirán siendo ignorados y exprimidos. “No taxation without representation” – No hay impuestos sin representación, fue la frase que empezó la independencia americana del imperio británico.

 Los líderes empresariales deben hablar directamente. Si no es ahora, entonces ¿Cuándo? Deben hablar ya y sin complejos, o de lo contrario se ausentarán del gran debate nacional que definirá su futuro y tienen todo el derecho de estar en este debate pues en gran parte son sus impuestos los que pagan buena parte de las cuentas del presupuesto nacional.

2 Comentarios

  1. Nat. En esta tarde fría de domingo he estado leyendo algunas de tus columnas de opinión y quería darte las gracias por el buen análisis. Un fuerte abrazo.

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